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sábado, 22 de febrero de 2014

de ser el más rico, cambiado al más pobre por obra del caudillismo, del peronismo, de un populismo sin otro norte que la toma del poder y su retención. Humberto Vacaflor sobre Sachs y otros personajes.

Con el ajuste de la economía boliviana después de la UDP, Jeffrey Sachs se hizo muy famoso en el mundo. Había logrado domesticar una inflación de 24.000% en Bolivia y fue contratado para hacer lo mismo en otros países que padecían problemas similares, incluso detrás de la cortina de hierro, un hierro que ya era un poco flexible.

Convertido en la nueva estrella de la economía mundial, era solicitado en todos los foros. Había controlado la segunda inflación más grande del mundo después de la alemana de los años treinta, cuando en las chimeneas de las casas salía más barato quemar billetes que carbón.


Pocos años después del paso de Sachs por Bolivia, los billetes de la hiperinflación fueron usados para calentar los hornos de las fundiciones de estaño, aunque se comprobaría que no producían el calor suficiente.


En la mayor ola de su fama, Sachs optó por comenzar sus exposiciones con esta frase: “Como ustedes saben, en el mundo existen los países ricos, los países pobres, Japón y Argentina”.


Y explicaba que esos dos países eran una categoría en sí mismos porque Japón, sin tener nada, había logrado todo, y Argentina, teniéndolo todo, había llegado a nada.
Ahora, esta semana, The Economist vuelve sobre el tema, la flagelación de Argentina, con un artículo descarnado sobre la crisis de ese país, que en los últimos cien años pasó de ser una de las tres mayores potencias económicas el mundo, a ser una piltrafa

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Hace 100 años los almacenes Harrods (no se llamaban todavía supermercados) había decidido abrir su primera sucursal fuera de Londres, y por ello eligieron Buenos Aires, la reina del Plata, la capital del país más prometedor de Sudamérica, o del hemisferio. Esos almacenes, en la calle Florida, fueron cerrados hace dos décadas, lo que la revista señala como el peor momento de la crisis argentina. El punto final. El aplazo.


Lo que no me gusta de la nota de The Economist es cuando dice, a propósito de las costumbres culinarias de los argentinos, que quemar la mejor carne del mundo no es una buena comida. Ni siquiera un parrillero inglés haría un mal bife con carne argentina.
Vacaflor.obolog.com

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